{"id":2110,"date":"2025-02-07T16:49:34","date_gmt":"2025-02-07T15:49:34","guid":{"rendered":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/?p=2110"},"modified":"2025-06-09T16:06:08","modified_gmt":"2025-06-09T14:06:08","slug":"el-coronel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/index.php\/2025\/02\/07\/el-coronel\/","title":{"rendered":"El coronel"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"2110\" class=\"elementor elementor-2110\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-07d9ac0 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default wpr-particle-no wpr-jarallax-no wpr-parallax-no wpr-sticky-section-no wpr-equal-height-no\" data-id=\"07d9ac0\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0e384d3\" data-id=\"0e384d3\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-2fe3c68 elementor-widget elementor-widget-heading\" data-id=\"2fe3c68\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"heading.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t<h5 class=\"elementor-heading-title elementor-size-default\">Parte 1<\/h5>\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-6b52bac elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"6b52bac\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><span lang=\"ES\">Durante mucho tiempo, no pod\u00eda creerlo. Cosas as\u00ed solo pasan en las pel\u00edculas o en los libros. Nosotros \u00e9ramos una familia corriente, sin personalidades destacadas ni h\u00e9roes, sin iluminados ni exc\u00e9ntricos. Pas\u00e1bamos desapercibidos entre los habitantes del pueblo. Nadie hubiera podido imaginar que el coronel saliera de nuestro clan de invisibles.\u00a0<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><p><span lang=\"ES\">Nosotros solo hac\u00edamos lo que ten\u00edamos que hacer, y as\u00ed, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Las vacas, la leche, el queso eran el dominio de las mujeres; las tierras, de los hombres. Aprend\u00edamos nuestras tareas cotidianas como quien aprende a caminar y hablar, eran parte del saber b\u00e1sico. Y cuando mor\u00edan los viejos, los ni\u00f1os ya est\u00e1bamos listos para reemplazarlos. Todo ocurr\u00eda con fluidez, sin cuestionamientos. Nadie imaginaba que pudiera haber otras opciones.\u00a0<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><p><span lang=\"ES\">En los alrededores, en las granjas vecinas, suced\u00eda lo mismo. Al cruzar los campos en busca de las vacas, nos reflej\u00e1bamos en la rutina incansable de las vecinas. Habl\u00e1bamos poco, apenas nos salud\u00e1bamos porque est\u00e1bamos ocupadas y ellas tambi\u00e9n.\u00a0<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><p><span lang=\"ES\">Pero recuerdo un d\u00eda, la m\u00e1s peque\u00f1a de las vecinas me hizo una se\u00f1a. Lo recuerdo bien porque su gesto sobresal\u00eda del resto de movimientos, como si, de pronto, a una m\u00e1quina se le hubiera saltado un tornillo. Me detuve a mirarla, estaba arrodillada frente a la puerta lateral del cobertizo. Ten\u00eda los ojos llenos de l\u00e1grimas. Luego los dirigi\u00f3 hacia sus manos, que escarbaban la tierra como si buscaran algo. Estaba lejos, no pod\u00eda saber qu\u00e9 era, pero sent\u00ed que no era nada bueno.\u00a0<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><p><span lang=\"ES\">Luego me olvid\u00e9 de ese incidente. Solo volv\u00ed a pensar en \u00e9l cuando lleg\u00f3 la estaci\u00f3n de cosecha y en el pueblo comenzaron los rumores. Hablaban del coronel y de las ni\u00f1as desaparecidas. Primero eran dos, luego cinco, y en la \u00faltima reuni\u00f3n ya no hab\u00eda certeza, los nombres se confund\u00edan y las desapariciones parec\u00edan multiplicarse.\u00a0<\/span><\/p><p>\u00a0<\/p><p><span lang=\"ES\">Lo buscaban a \u00e9l, al coronel. Estuvieron en casa varias veces para hablar con padre, pero nadie sab\u00eda nada. Entonces me acord\u00e9 de la ni\u00f1a con los ojos vidriosos y corr\u00ed a dec\u00edrselo al polic\u00eda. Fuimos al lugar donde la vi la \u00faltima vez, y ah\u00ed comenz\u00f3 el camino sin retorno de este pueblo.\u00a0<\/span><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parte 1 Durante mucho tiempo, no pod\u00eda creerlo. Cosas as\u00ed solo pasan en las pel\u00edculas o en los libros. Nosotros \u00e9ramos una familia corriente, sin personalidades destacadas ni h\u00e9roes, sin iluminados ni exc\u00e9ntricos. Pas\u00e1bamos desapercibidos entre los habitantes del pueblo. Nadie hubiera podido imaginar que el coronel saliera de nuestro clan de invisibles.\u00a0 \u00a0 Nosotros solo hac\u00edamos lo que ten\u00edamos que hacer, y as\u00ed, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Las vacas, la leche, el queso eran el dominio de las mujeres; las tierras, de los hombres. Aprend\u00edamos nuestras tareas cotidianas como quien aprende a caminar y hablar, eran parte del saber b\u00e1sico. Y cuando mor\u00edan los viejos, los ni\u00f1os ya est\u00e1bamos listos para reemplazarlos. Todo ocurr\u00eda con fluidez, sin cuestionamientos. Nadie imaginaba que pudiera haber otras opciones.\u00a0 \u00a0 En los alrededores, en las granjas vecinas, suced\u00eda lo mismo. Al cruzar los campos en busca de las vacas, nos reflej\u00e1bamos en la rutina incansable de las vecinas. Habl\u00e1bamos poco, apenas nos salud\u00e1bamos porque est\u00e1bamos ocupadas y ellas tambi\u00e9n.\u00a0 \u00a0 Pero recuerdo un d\u00eda, la m\u00e1s peque\u00f1a de las vecinas me hizo una se\u00f1a. Lo recuerdo bien porque su gesto sobresal\u00eda del resto de movimientos, como si, de pronto, a una m\u00e1quina se le hubiera saltado un tornillo. Me detuve a mirarla, estaba arrodillada frente a la puerta lateral del cobertizo. Ten\u00eda los ojos llenos de l\u00e1grimas. Luego los dirigi\u00f3 hacia sus manos, que escarbaban la tierra como si buscaran algo. Estaba lejos, no pod\u00eda saber qu\u00e9 era, pero sent\u00ed que no era nada bueno.\u00a0 \u00a0 Luego me olvid\u00e9 de ese incidente. Solo volv\u00ed a pensar en \u00e9l cuando lleg\u00f3 la estaci\u00f3n de cosecha y en el pueblo comenzaron los rumores. Hablaban del coronel y de las ni\u00f1as desaparecidas. Primero eran dos, luego cinco, y en la \u00faltima reuni\u00f3n ya no hab\u00eda certeza, los nombres se confund\u00edan y las desapariciones parec\u00edan multiplicarse.\u00a0 \u00a0 Lo buscaban a \u00e9l, al coronel. Estuvieron en casa varias veces para hablar con padre, pero nadie sab\u00eda nada. Entonces me acord\u00e9 de la ni\u00f1a con los ojos vidriosos y corr\u00ed a dec\u00edrselo al polic\u00eda. 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