{"id":2893,"date":"2025-06-09T15:08:24","date_gmt":"2025-06-09T13:08:24","guid":{"rendered":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/?p=2893"},"modified":"2025-06-09T15:08:25","modified_gmt":"2025-06-09T13:08:25","slug":"los-gritos-las-rejas-y-la-soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/index.php\/2025\/06\/09\/los-gritos-las-rejas-y-la-soledad\/","title":{"rendered":"Los gritos, las rejas y la soledad"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"2893\" class=\"elementor elementor-2893\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-e7c70de elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default wpr-particle-no wpr-jarallax-no wpr-parallax-no wpr-sticky-section-no wpr-equal-height-no\" data-id=\"e7c70de\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-98b9659\" data-id=\"98b9659\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-92645ca elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"92645ca\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p style=\"font-weight: 400;\">Esa vieja loca estaba para el manicomio, dec\u00edamos. No paraba de gritar. Lo hac\u00eda desde adentro, a trav\u00e9s de la ventana. Se aferraba a las rejas de seguridad y escup\u00eda insultos a todos los que os\u00e1bamos atravesar su jard\u00edn para tomar un atajo hacia el parque. Los ni\u00f1os \u00e9ramos sus mayores v\u00edctimas. Al principio nos daba terror porque cre\u00edamos al pie de la letra sus amenazas, pero con el tiempo dejamos de creerle: igual no sal\u00eda de su casa. Pero si se asomaba gritando, nos ech\u00e1bamos a correr. <em>Sus manos, cuando atravesaban las rejas, eran lo m\u00e1s lejos que llegaba.<\/em><\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">A los ni\u00f1os del barrio nos gustaba inventar historias. Las que m\u00e1s miedo me dieron, las que agitaron mis noches infantiles, fueron las que se tej\u00edan en torno a la bruja del atajo.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Un d\u00eda comenzaron a llegar visitas. La primera fue una se\u00f1ora muy guapa y bien vestida. Nos sorprendi\u00f3 que alguien as\u00ed tocara ese timbre, y que ella ni siquiera se asomara, cuando minutos antes hab\u00eda estado gritando.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s vino un hombre de terno y corbata. Se qued\u00f3 frente a la puerta \u2013una puerta que, nos dimos cuenta entonces, nunca hab\u00edamos visto abierta. Durante semanas, la escena se repiti\u00f3. Hasta que, en la \u00faltima ocasi\u00f3n, el hombre nos descubri\u00f3 escondidos detr\u00e1s de los setos. Antes de que pudi\u00e9ramos correr, apareci\u00f3 frente a nosotros y, con una amabilidad inesperada, nos pregunt\u00f3 por ella.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Sab\u00edamos que la bruja nos observaba desde dentro, que en cualquier momento pod\u00eda sacar sus brazos huesudos a trav\u00e9s de los barrotes. El miedo nos dej\u00f3 sin voz. El aire se espes\u00f3 con el silencio, hasta que, temblando, uno de nosotros apunt\u00f3 hacia la casa. El hombre dej\u00f3 escapar un suspiro, su cuerpo se desinfl\u00f3, su mirada cay\u00f3 hacia adentro. Se qued\u00f3 as\u00ed, como si algo se hubiera resquebrajado por dentro.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">De pronto, el clic seco de la cerradura rompi\u00f3 el silencio. Giramos la vista hacia la casa. All\u00ed estaba ella, fr\u00e1gil y erguida detr\u00e1s de la puerta abierta, con una maleta en la mano. No parec\u00eda una bruja. O tal vez s\u00ed. Era una mujer triste, alguien que se iba. Y nosotros, por primera vez, no supimos si quer\u00edamos que se fuera. El hombre camin\u00f3 hacia ella. Ella lo esper\u00f3. \u00c9l le dijo algo, palabras que quedaron flotando entre ellos. Entonces, se abrazaron. Ella no cruz\u00f3 el umbral.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Creo que nunca la hab\u00edamos visto antes de ese d\u00eda. Y tampoco despu\u00e9s. De ella sab\u00edamos lo justo, lo dem\u00e1s lo inventamos. \u00c9ramos ni\u00f1os, los misterios pon\u00edan en marcha nuestra imaginaci\u00f3n.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Tiempo despu\u00e9s alguien nos dijo que estaba en un lugar con m\u00e9dicos, como un hospital. Que hab\u00eda cosas que no se hab\u00edan tratado a tiempo. No sab\u00edamos bien qu\u00e9 significaba eso. Quiz\u00e1s lo que a nosotros nos parec\u00eda locura era otra cosa. No lo entendimos entonces. Y todav\u00eda no s\u00e9 si lo entiendo del todo. Pero no puedo dejar de preguntarme si podr\u00eda haber sido distinto, si el silencio no hubiera sido tan grande.<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/p><p style=\"font-weight: 400;\">Cuando pienso en la casa vac\u00eda, en los gritos, las rejas y las sombras, no consigo quitarme de la cabeza la idea de que nosotros, jugando a tener miedo, apenas rozamos su soledad. Quiz\u00e1s fue ella la \u00fanica que tuvo miedo de verdad.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esa vieja loca estaba para el manicomio, dec\u00edamos. No paraba de gritar. Lo hac\u00eda desde adentro, a trav\u00e9s de la ventana. Se aferraba a las rejas de seguridad y escup\u00eda insultos a todos los que os\u00e1bamos atravesar su jard\u00edn para tomar un atajo hacia el parque. Los ni\u00f1os \u00e9ramos sus mayores v\u00edctimas. Al principio nos daba terror porque cre\u00edamos al pie de la letra sus amenazas, pero con el tiempo dejamos de creerle: igual no sal\u00eda de su casa. Pero si se asomaba gritando, nos ech\u00e1bamos a correr. Sus manos, cuando atravesaban las rejas, eran lo m\u00e1s lejos que llegaba. A los ni\u00f1os del barrio nos gustaba inventar historias. Las que m\u00e1s miedo me dieron, las que agitaron mis noches infantiles, fueron las que se tej\u00edan en torno a la bruja del atajo. Un d\u00eda comenzaron a llegar visitas. La primera fue una se\u00f1ora muy guapa y bien vestida. Nos sorprendi\u00f3 que alguien as\u00ed tocara ese timbre, y que ella ni siquiera se asomara, cuando minutos antes hab\u00eda estado gritando. Despu\u00e9s vino un hombre de terno y corbata. Se qued\u00f3 frente a la puerta \u2013una puerta que, nos dimos cuenta entonces, nunca hab\u00edamos visto abierta. Durante semanas, la escena se repiti\u00f3. 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Y nosotros, por primera vez, no supimos si quer\u00edamos que se fuera. El hombre camin\u00f3 hacia ella. Ella lo esper\u00f3. \u00c9l le dijo algo, palabras que quedaron flotando entre ellos. Entonces, se abrazaron. Ella no cruz\u00f3 el umbral. Creo que nunca la hab\u00edamos visto antes de ese d\u00eda. Y tampoco despu\u00e9s. De ella sab\u00edamos lo justo, lo dem\u00e1s lo inventamos. \u00c9ramos ni\u00f1os, los misterios pon\u00edan en marcha nuestra imaginaci\u00f3n. Tiempo despu\u00e9s alguien nos dijo que estaba en un lugar con m\u00e9dicos, como un hospital. Que hab\u00eda cosas que no se hab\u00edan tratado a tiempo. No sab\u00edamos bien qu\u00e9 significaba eso. Quiz\u00e1s lo que a nosotros nos parec\u00eda locura era otra cosa. No lo entendimos entonces. Y todav\u00eda no s\u00e9 si lo entiendo del todo. Pero no puedo dejar de preguntarme si podr\u00eda haber sido distinto, si el silencio no hubiera sido tan grande. 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