{"id":555,"date":"2018-05-04T16:48:14","date_gmt":"2018-05-04T14:48:14","guid":{"rendered":"http:\/\/claudiamendizabal.com\/?p=555"},"modified":"2018-05-04T16:48:14","modified_gmt":"2018-05-04T14:48:14","slug":"retazos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/index.php\/2018\/05\/04\/retazos\/","title":{"rendered":"Retazos"},"content":{"rendered":"<p>Una vez m\u00e1s la ciudad le abri\u00f3 sus brazos, en un \u00faltimo respiro de reconocimiento lo despidi\u00f3 con efusi\u00f3n. Ten\u00eda todos sus recuerdos guardados en el cofre del veh\u00edculo que le conducir\u00eda al aeropuerto. Su avi\u00f3n part\u00eda en un par de horas y \u00e9l ten\u00eda ganas de dar una \u00faltima vuelta por el centro. No sab\u00eda cu\u00e1ndo regresar\u00eda, si es que lo hac\u00eda, y quer\u00eda impregnarse de los olores y colores de esa ciudad que alguna vez hab\u00eda sido la suya. <\/p>\n<p>Ca\u00f3tica como \u00e9l mismo pod\u00eda serlo a veces, sus calles organizadas en cuadras alrededor de una plaza central estaban invadidas por el comercio. Negocios en cada puerta, carteles de todo tipo, forma y color, puestos de venta improvisados sobre las aceras y multitud de vendedores ambulantes, convert\u00edan el casco viejo de la ciudad en un gran mercado bullicioso y enmara\u00f1ado. Antes, era algo que le disgustaba hasta la indignaci\u00f3n. No pod\u00eda concebir, c\u00f3mo el t\u00edmido encanto de esa ciudad, anta\u00f1o se\u00f1orial, pod\u00eda estar totalmente camuflado detr\u00e1s de esa locura de comerciantes y compradores en busca de su oportunidad diaria. <\/p>\n<p>Ahora, y lo reconoce mientras saborea un anticucho con salsa de man\u00ed picante en medio de la agitaci\u00f3n, hasta le enorgullec\u00eda. Esa invasi\u00f3n humana le daba un car\u00e1cter de autenticidad real. Esa ciudad respiraba lo que era, se dejaba hacer y deshacer por sus habitantes en su lucha cotidiana por ganarse la vida. Sin maquillajes, sin formas preestablecidas, ellos se hab\u00edan apropiado de esas calles coloniales y las habitaban a su imagen y semejanza. <\/p>\n<p>Eran los colores de muchos tiempos en uno solo, de muchas culturas conviviendo en el mismo espacio. Eran los olores de la vida misma: de los puestos de comida servida a toda hora, de los rincones ba\u00f1o p\u00fablico, mezclados con el sudor de los cuerpos bajo el sol y la contaminaci\u00f3n de los autom\u00f3viles, micros y trufis. Eran los gritos de los comerciantes ofreciendo sus productos con insistencia, las bocinas de los veh\u00edculos y las conversaciones animadas de toda esa gente que no se priva de nada porque est\u00e1 en su casa. <\/p>\n<p>Se deja invadir por ese mundo que, aunque ya no es el suyo, tambi\u00e9n forma parte de \u00e9l. S\u00ed, porque a pesar de su apariencia depurada y sus modos contenidos, esa explosi\u00f3n de formas y maneras tambi\u00e9n lo componen. Respira profundo como queriendo absorber en una bocanada ese coctel de sensaciones para llenarse a\u00fan de recuerdos y, embriagado, se dirige al aeropuerto, impaciente de volver a casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vez m\u00e1s la ciudad le abri\u00f3 sus brazos, en un \u00faltimo respiro de reconocimiento lo despidi\u00f3 con efusi\u00f3n. Ten\u00eda todos sus recuerdos guardados en el cofre del veh\u00edculo que le conducir\u00eda al aeropuerto. Su avi\u00f3n part\u00eda en un par de horas y \u00e9l ten\u00eda ganas de dar una \u00faltima vuelta por el centro. No sab\u00eda cu\u00e1ndo regresar\u00eda, si es que lo hac\u00eda, y quer\u00eda impregnarse de los olores y colores de esa ciudad que alguna vez hab\u00eda sido la suya. Ca\u00f3tica como \u00e9l mismo pod\u00eda serlo a veces, sus calles organizadas en cuadras alrededor de una plaza central estaban invadidas por el comercio. 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