{"id":654,"date":"2018-09-09T14:01:14","date_gmt":"2018-09-09T12:01:14","guid":{"rendered":"http:\/\/claudiamendizabal.com\/?p=654"},"modified":"2018-09-09T14:01:14","modified_gmt":"2018-09-09T12:01:14","slug":"como-una-brisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/claudiamendizabal.com\/index.php\/2018\/09\/09\/como-una-brisa\/","title":{"rendered":"Como una brisa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Nada est\u00e1 completo, solo pedazos como fracciones de vida. Los muros amarillos cargados de cuadros y adornos de los cuales solo se vislumbra una parte. Al centro, encima de una mesita de madera maciza que se sostiene sobre un c\u00e1ntaro de terracota, el \u00f3leo de una ni\u00f1a con un vestido colorido y expresi\u00f3n de desconcierto. A su lado, piezas de ajedrez colocadas con cuidado como al alcance de su mano. Cofres de madera pintada en colores naranja, marr\u00f3n y carmes\u00ed, apilados unos sobre otros y dispuestos en uno de los \u00e1ngulos.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Esta imagen me sigue desde ayer. Es una de las fotos que se exponen en el caf\u00e9 en el que pas\u00e9 gran parte de la ma\u00f1ana. No tiene nada excepcional, tan solo una porci\u00f3n de la vida de alguien, atrapada por el ojo del fot\u00f3grafo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Recorro la imagen que me qued\u00f3 grabada en la memoria.<br \/>\nEs como espiar la intimidad de la gente y tratar de imaginar su vida.<br \/>\nNo logro despegar, pero sigo buscando ese algo que me interpela.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Los objetos y la manera en la que est\u00e1n dispuestos deber\u00edan contarme algo, pero no lo hacen, ni evocan personas que conozco. Sin embargo, la armon\u00eda de sus tonos oto\u00f1ales y la calidez de la luz que atraviesa la imagen, parecen evocarme algo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Eso es, los colores me roban una sonrisa c\u00f3mplice de algo que puedo reconocer. Al interior de una casa, mi casa de ni\u00f1a, bajo la luz c\u00e1lida del atardecer, mis hermanos y yo nos contamos historias y nos proyectamos. Historias de misterios, de ni\u00f1os que se proclaman investigadores y forman su patrulla para resolverlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">M\u00e1s tarde o quiz\u00e1s otro d\u00eda, todos tendidos en la cama en una noche de oto\u00f1o antes de ir a dormir, imaginamos lo que quisi\u00e9ramos ser. Inventores, exploradores y poetas, viajeros, bohemios y arregla-todo. Y antes de que el padre que escucha en silencio pueda decir algo, una voz nos empuja a sentarnos de inmediato y formar un semic\u00edrculo. La madre que ha tra\u00eddo el plato hasta la cama comienza a darnos de comer. Y como los pajaritos que no salen del nido, vamos abriendo la boca uno por uno para recibir la cuchara de sopa caliente. Al exterior, el viento hace estremecer los \u00e1rboles que se alzan por encima de la casa y que nosotros percibimos como sombras negras y movedizas a trav\u00e9s de los tragaluces del techo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pronto nos iremos a dormir y ese instante quedar\u00e1 grabado en mi memoria. Al igual, quiz\u00e1s, que esta ma\u00f1ana de fin de verano en la que, sentada en la mesa del jard\u00edn para aprovechar el aire a\u00fan templado, me preparo para reiniciar el a\u00f1o y sumergirme en su ritmo acelerado. \u00a0Y mientras intento visualizarme entre mis proyectos y el retorno a clases de mis hijas, las escucho jugando con lego a construir ciudades con parques, animales y piscinas, pap\u00e1s, mam\u00e1s e hijos que van a la escuela en skateboard o bicicletas.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Una brisa suave eriza la piel de mis brazos descubiertos como anunciando la llegada del oto\u00f1o. La imagen vuelve a mi memoria y mientras la recorro al calor de mis propios recuerdos, me pregunto \u00bfde qu\u00e9 tonos estar\u00e1 pintado este nuevo a\u00f1o?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada est\u00e1 completo, solo pedazos como fracciones de vida. Los muros amarillos cargados de cuadros y adornos de los cuales solo se vislumbra una parte. Al centro, encima de una mesita de madera maciza que se sostiene sobre un c\u00e1ntaro de terracota, el \u00f3leo de una ni\u00f1a con un vestido colorido y expresi\u00f3n de desconcierto. A su lado, piezas de ajedrez colocadas con cuidado como al alcance de su mano. Cofres de madera pintada en colores naranja, marr\u00f3n y carmes\u00ed, apilados unos sobre otros y dispuestos en uno de los \u00e1ngulos. Esta imagen me sigue desde ayer. Es una de las fotos que se exponen en el caf\u00e9 en el que pas\u00e9 gran parte de la ma\u00f1ana. No tiene nada excepcional, tan solo una porci\u00f3n de la vida de alguien, atrapada por el ojo del fot\u00f3grafo. Recorro la imagen que me qued\u00f3 grabada en la memoria. Es como espiar la intimidad de la gente y tratar de imaginar su vida. No logro despegar, pero sigo buscando ese algo que me interpela. Los objetos y la manera en la que est\u00e1n dispuestos deber\u00edan contarme algo, pero no lo hacen, ni evocan personas que conozco. Sin embargo, la armon\u00eda de sus tonos oto\u00f1ales y la calidez de la luz que atraviesa la imagen, parecen evocarme algo. Eso es, los colores me roban una sonrisa c\u00f3mplice de algo que puedo reconocer. Al interior de una casa, mi casa de ni\u00f1a, bajo la luz c\u00e1lida del atardecer, mis hermanos y yo nos contamos historias y nos proyectamos. Historias de misterios, de ni\u00f1os que se proclaman investigadores y forman su patrulla para resolverlos. M\u00e1s tarde o quiz\u00e1s otro d\u00eda, todos tendidos en la cama en una noche de oto\u00f1o antes de ir a dormir, imaginamos lo que quisi\u00e9ramos ser. Inventores, exploradores y poetas, viajeros, bohemios y arregla-todo. Y antes de que el padre que escucha en silencio pueda decir algo, una voz nos empuja a sentarnos de inmediato y formar un semic\u00edrculo. La madre que ha tra\u00eddo el plato hasta la cama comienza a darnos de comer. Y como los pajaritos que no salen del nido, vamos abriendo la boca uno por uno para recibir la cuchara de sopa caliente. Al exterior, el viento hace estremecer los \u00e1rboles que se alzan por encima de la casa y que nosotros percibimos como sombras negras y movedizas a trav\u00e9s de los tragaluces del techo. Pronto nos iremos a dormir y ese instante quedar\u00e1 grabado en mi memoria. Al igual, quiz\u00e1s, que esta ma\u00f1ana de fin de verano en la que, sentada en la mesa del jard\u00edn para aprovechar el aire a\u00fan templado, me preparo para reiniciar el a\u00f1o y sumergirme en su ritmo acelerado. \u00a0Y mientras intento visualizarme entre mis proyectos y el retorno a clases de mis hijas, las escucho jugando con lego a construir ciudades con parques, animales y piscinas, pap\u00e1s, mam\u00e1s e hijos que van a la escuela en skateboard o bicicletas. Una brisa suave eriza la piel de mis brazos descubiertos como anunciando la llegada del oto\u00f1o. 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