No, no lo sé, puede que nunca lo sepa. Por eso escribo.
Escritura
Sin certezas. Las palabras me llegan después del cuerpo. A veces empiezo moviéndome, sin buscar nada, solo para sentir que estoy ahí. Cuando algo se abre, me siento y escribo. Y si me bloqueo, vuelvo al movimiento, al espacio, al cuerpo que respira. Es un ritmo. Un ir y venir. Un pulso al que vuelvo.
Me interesa lo que se escapa. Lo que no se ve a simple vista. Lo que se agita adentro antes de volverse forma. No escribo desde un plan, sino desde una necesidad íntima: la de tocar lo que todavía no entiendo, pero me atraviesa.
Escribo para estar más cerca.
Del mundo. De los otros. De mí.
Y cuando lo hago, siento que algo se asienta. Que el cuerpo y las palabras, por un momento, respiran juntas.

✨ SOBRE EL RUIDO DE TUS HORAS
La novela nació así. De un encuentro inesperado, una conversación, una decisión tomada casi en broma. Pero esa misma noche ya estaba escribiendo. Y no paré. Había algo que empujaba desde atrás, desde mucho antes de mí. El eco de un secreto, de una voz que no había sido escuchada, de un silencio espeso.
Escribir fue abrir esa caja.
Paula, la protagonista, también siente la necesidad de exorcizar el silencio, de encontrar las palabras, de atraparlas con la boca, de masticarlas hasta poder decir.
“
Me sostuve la cabeza con las manos –dice Paula, la protagonista. Retumbaba al igual que los minutos en ese viejo reloj mural. Entonces comprendí de qué estaba hecho su silencio, lo que contenía: un pacto. Todo hace ruido, incluso el silencio, y el tiempo termina por hacérnoslo saber.

✨ Sinopsis
Hace nueve años que Paula vive en Bruselas, lejos de Cochabamba, la ciudad donde creció. Ha construido una vida solitaria, marcada por el silencio, hasta que una llamada inesperada de su madre la obliga a enfrentar el ruido que creía haber dejado atrás: el pasado. La muerte de su abuela la devuelve, después de casi una década, a su ciudad natal. Allí, entre recuerdos y ausencias, reaparece la voz de su abuelo muerto —un reconocido poeta boliviano— que, a través de la literatura, entabla con ella un diálogo tan íntimo como imposible.
En el cruce entre pasado y presente, El ruido de tus horas explora el exilio, la pérdida y la necesidad de encontrar palabras para nombrar lo que el silencio oculta.
✨ Otros ecos de El ruido de tus horas
“Una novela grave, íntima, que ahonda en lo que no se dice. Claudia Mendizábal logra crear un lenguaje con cuerpo y vibración, desde el silencio y la carne...”
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Chuquisaca, invierno de 2023
Hace pocos días, en una pausa de mi lectura de El ruido de tus horas, cerré el libro y lo dejé reposar de sus emociones, apostado sobre mi mesa de noche, entre mis cuarzos y mi torre de libros, sin sospechar siquiera que esa noche soñaría con esa historia, o, con parte de ella. Así lo explico porque esa noche soñé con el historiador cochabambino Gustavo Rodríguez que, desde el mundo de los muertos, me enseñaba en silencio un cordón de plata, justo como el de Lobsang Rampa. No comprendí mucho entonces, pero supe, entonces, que tendría que dilucidarlo y entonces cargué conmigo el libro, en mi bolsa, en mi coche, como una piedra imán, como un talismán absolutamente necesario.
¿Por qué?
Pues bien, porque los libros contienen todas las respuestas del mundo, de este y el de los muertos. Tomé entonces el rojo libro de Gustavo, Teoponte. Sin tiempo para las palabras y supe, sin duda que seguiría hablándome. En efecto, abrí en la en la página en la que nombraba a Luis, un joven saxofonista cochabambino, que marchó a la guerrilla y jamás volvió, cito:
…Había vencido sus dudas y sus miedos.
En su casa familiar de Cochabamba, en la
calle Lanza, todavía lo esperan sus poemas,
sus libros y su saxo. En las noches, me han
dicho, se oyen pasos y ruidos extraños,
como si hubiera retornado a tomarlos de
nuevo entre sus manos. Fin de cita
(Rodríguez, 2006: 457)
Eso fue todo.
Acababa de comprender el giro de Gustavo, y acababa de intuir todas las muertes de la historia de Claudia. Y es que Claudia, o diré, más bien Paula, la voz de su personaje principal nombra insistentemente a otro soldado, esta vez de otra guerra, la del Chaco. Otto es el abuelo que ha muerto no precisamente en la guerra del Chaco, sino en una guerra contra sí mismo, contra el desamor y la incomprensión, de nuevo, hacia sí mismo.
Y esta muerte, acaecida ya hace muchísimos años acaba siendo una caja de Pandora para Paula, la niña nieta callada que recorre las calles de Cochabamba en una bicicleta BMX negra (yo tenía una roja). Pues bien, una caja de Pandora que Paula ha de buscar primero, como quien busca el santo grial, el anillo de Sauron o la piedra filosofal, y tras encontrarlo, precisa asirlo, sostenerlo entre las manos, comprenderlo e interpretarlo desde el silencio que la ha criado, que la rodea, pues su familia ha callado todo sobre aquella muerte, ha sabido hacerlo con pericia, a punto de que la niña Paula y ni siquiera la adulta Paula ha logrado resolver porque no comprende, en palabras de la historiadora Ana María Lema Garrett, el sentido del silencio ; de su propio silencio.
Esta búsqueda, cual viaje iniciático empuja a Paula a volver a Bolivia tras largos nueve años de radicatoria en Bruselas. Vuelve por una muerte, no la de su abuelo, sino la de su abuela. Una vez en Cochabamba, recorre la ciudad frenética (la ciudad y ella son frenéticas) en busca de algo, no sabe qué, solo se hace cada vez más consciente que la ciudad ha cambiado y que ella también. Paula casi no soporta su entorno social cochabambino, detesta dar explicaciones y se siente/es una turista más. Una mujer nerviosa, como lo diría la escritora Lindaura Anzoátegui de Campero. Una mujer, la describiría yo, con una pena infinita disfrazada de un surmenage constante.
Sin embargo, la nave del viaje iniciático que la conduce hacia su propia historia, y hacia el phatos más profundo, encalla. Encalla en el ropero de su abuela recientemente muerta donde encuentra documentos desteñidos que rompen su silencio dejando las cortinas del teathrum mundi abiertas, raídas, hechas trizas.
Me quedé con una sensación de teatralidad, esa sea, probablemente la mayor fuerza de la narrativa de Claudia Mendizábal. Quizá por sus estudios de danza, le ha impreso cierta teatralidad escénica a sus textos. Primero, es un hombre fantasmal que la persigue, ya sea en Bruselas, ya en Cochabamba, el punto es que aquella presencia entra y sale de bambalinas y protagoniza su papel.
Segundo, algunas escenas son diminutas piezas teatrales:
Nos ponemos en marcha de nuevo. Desde atrás, me observo caminando junto con él…. Desde atrás me reconozco a su lado. También el silencio que nos envuelve. Veo que levanta el brazo, siento el calor de su mano sobre mi hombro. Su parsimonia me tiene subyugada, ahora soy yo quien lo sigue, como si retrocediera en el tiempo, como si… como si… vuelvo a ser la niña que va de visita con su padre a la casa de su abuela.
Así, tras abrir la terrible caja de Pandora, Paula debe escapar de Cochabamba, refugiarse en su ambiente de citadina de Bruselas, aparentemente seguro y civilizado, pero ya sea aquí, allá o acullá, Paula es una ajena a sí misma, un ser ex profesamente desterrado.
Podría preguntarse: ¿Será el hogar aquel lugar ansiado al que no se puede volver? ¿Puede alguien, como Dorothy, calzarse las mágicas zapatillas de rubí, que le conducirán directamente a su hogar?
Paula ha descreído el poder telúrico. Ha perdido su ajayu, el Tunari se lo ha devorado en silencio, como Saturno ha devorado a su propio hijo. Es que el apu del Tunari no le dio permiso para marcharse. Es que el apu del Tunari no le dio permiso para volver.
Urgiría retomar la relación con la tierra, preparar una mesa ceremonial, llenarla de ofrendas de flores y fetos de animalitos, coca, alcohol, llamar el ajayu perdido con campanilla de bronce, pero eso, en Bruselas, es imposible. Además, Paula solo cree en el silencio como único dios posible.
Pregunta seria: ¿Encontrará Paula, como Dorothy, el camino de regreso a casa? Eso tendrán que descubrirlo ustedes, amables lectores.
Reza nuestra autora:
Todo hace ruido, incluso el silencio, y el tiempo termina por hacérnoslo saber.
Así es, o puede ser. La transversal de este libro es el silencio, uno lleno de significaciones, de gritos, de soldados que marcharon a guerras, como Luis a las montañas y como Otto el abuelo y todos nuestros abuelos al Chaco, en medio de un silencio ensordecedor que trepida la memoria, que como agua corre silencioso por las venas como sangre.
También reza el escritor Javier Marías, a propósito del engañoso silencio de los muertos:
Callar, callar es la aspiración que nadie cumple, nadie, ni aun después de muerto.
Enhorabuena por el libro.
“Durante mucho tiempo escribí para mí, hasta que esta historia insistió. Vino desde un lugar al que no podía negarme. Quise escribir sobre el silencio, pero me salió una voz. Una historia de mujeres que heredan ausencias...”
Leer el texto completoTexto excrito para las presentaciones
No voy a hablarles de la historia en sí, sino más bien de la motivación que me llevó a escribirla.
No puedo decir con exactitud en qué momento he comenzado a escribir El ruido de tus horas, simplemente porque no lo planeé. No ha habido un momento en el que me he dicho, muy bien Claudia ahora vas a escribir una novela. La escritura de este libro está muy lejos de haber sido una decisión consciente y voluntaria. Pero eso sí, fruto de un encuentro extraordinario, de un momento a otro, comencé a escribir compulsivamente y de manera cotidiana w independientemente de mis proyectos de danza y teatro.
Escribía un poco de todo. Cuentos, poemas, fragmentos para alimentar mi blog de escritura que acababa de crear. Y al mismo tiempo, seguía leyendo. Entre los libros y textos que leía estaban las poesías y la correspondencia de mi abuelo, Luis Mendizábal Santa Cruz, un poeta reconocido de la primera mitad del siglo XX, con quién no sé por qué siempre he sentido tener una conexión muy estrecha, como si lo hubiera conocido en vida.
Sumergirme en su historia en esa etapa de mi vida, conocerla desde su voz tanto en la poesía como en la correspondencia que mantenía con mi abuela y otras personalidades de la época, me ha hecho descubrir su vida desde otro enfoque, descubrir al hombre detrás de los mitos familiares, al poeta detrás de su bohemia. La vida de mi abuelo es la historia de una vida truncada y la historia de amor más triste que he leído. Él que era un enamorado de la vida, de la belleza, del amor, se ha ido en la más profunda soledad. Sentir la intensidad de su pasión cuando se ponía a escribir, la intensidad de su amor conociendo el desenlace me ha generado una impotencia insoportable. Todo ya estaba hecho, consumado. ¿Cómo podía devolverle algo? Esa impotencia se ha transformado, poco a poco, en una profunda necesidad de escribir sobre él, a partir de él o para él.
El ruido de tus horas nace, por un lado, de un profundo deseo de indagar, entender y sacar del silencio la vida y el destino de mi abuelo, quien entre las bambalinas de la familia era considerado un bohemio empedernido y cuya sola mención, nos sumergía en el silencio. Y, por otro lado, de la necesidad de hacer hablar su poesía en la que, de manera vertiginosa, me sentía reflejada como en un espejo.
Mientras más lo leía, más crecía la necesidad de escribir para inventarle otro final. Un final en el que venciera la belleza y el amor. Un final que exorcizara el silencio y gracias a las palabras, trascendiera en el tiempo y en el espacio hasta alcanzar a Paula la protagonista y, quizás, se resolviera de alguna manera con ella.
“Me sostuve la cabeza con las manos ¬–dice Paula, la protagonista. Retumbaba al igual que los minutos en ese viejo reloj mural. Entonces comprendí de qué estaba hecho su silencio, lo que contenía: un pacto. Todo hace ruido, incluso el silencio, y el tiempo termina por hacérnoslo saber.”
A través del relato de la vida de Paula, en la que el pasado sobreviene y se entrelaza con su presente, evoco el exilio, la pérdida, el peso del silencio y la necesidad de palabras para construirse. El ruido de tus horas es, para mí, una novela sobre la búsqueda de palabras para nombrar el silencio. Paula, la protagonista así lo presiente:
Deslicé la lengua para limpiar los restos de comida de los dientes. Me sentía responsable y, al mismo tiempo, impotente. Tenía que exorcizar el silencio, atraparlo con la boca, morderlo, masticarlo hasta poder decirlo.
Aún si no es posible cambiar el desenlace, porque el pasado es pasado… gracias a las palabras y al legado de la poesía, vence la belleza. La poesía está aquí para recordarnos que hay belleza en el mundo y que si hay belleza en el mundo es porque la vida tiene sentido.
El universo está dotado de belleza, justamente para hacernos saber que la vida tiene sentido.
“La beauté n’est pas un simple ornement. C’est un signe par lequel la création signifie que la vie a du sens ». François Cheng.
“La belleza no es un simple ornamento. El universo está dotado de belleza, justamente para hacernos saber que la vida tiene sentido”. François Cheng
Hace nueve años que Paula vive en Bruselas, ha caminado mucho para abrir una distancia entre ella y su ciudad natal...
Leer el texto completoHace nueve años que Paula vive en Bruselas, ha caminado mucho para abrir una distancia entre ella y su ciudad natal, Cochabamba. Al otro lado del mar, ha creado su mundo, vive sola y cultiva una forma de vida arisca y solitaria. La soledad y el silencio han sido parte de ella desde siempre, pero una llamada inesperada de su madre le recordará, como una anunciación, el ruido que suele intranquilizarla y que no es otra cosa que el pasado. En ese pasado está la voz de su abuelo muerto, un reconocido poeta boliviano, que, a través de la literatura, conversará con Paula.
El pasado reclama romper el silencio ensordecedor que sobrevuela la vida de Paula. Los vivos parecen no decirle nada, desconfía de las palabras vacías. Por eso la autora deja que los muertos hablen y que las emociones atraviesen el cuerpo de su protagonista, una vez adentro en el estómago o entre las sienes de Paula, se ponen en movimiento. La escritura de Claudia Mendizábal en esta primera novela, con ecos autobiográficos, responde a una voz trágica, grave e íntima que está en constante duelo con lo no dicho, con las palabras huecas, con el silencio. La de la autora, como la de Paula, es una lucha, al final, por la tenencia del lenguaje.
✨ Dónde conseguir El ruido de tus horas
Disponible en Editorial Nuevo milenio y en librerías en Bolivia. También puedes escribirme si quieres un ejemplar, será un placer enviarte uno firmado.
✨ LO QUE SIGUE
“
—¿Tú eres la casa de alguien?
—No que yo sepa. Yo soy mi propia casa.
(Impermanencia)
Hay textos que no buscan publicarse de inmediato. A veces son solo una forma de respirar. Escenas, reflexiones, cuentos que se gestan en el cruce entre cuerpo, palabra y percepción.

Si quieres acompañar el pulso más inmediato de mi escritura —lo que nace entre una clase, un paseo, una noche de insomnio—, y algunas reflexiones sobre mi proyecto en curso, puedes visitar mi blog. Allí comparto fragmentos recientes, partes de mi diario de escritura, formas breves que se siguen preguntando. Textos que todavía no tienen destino, pero ya piden ser leídos. Algunos quizás formen parte de lo que se está gestando.
« ¿Qué quiero saber? A veces siento que estoy cerca. Solo tengo que seguir tecleando y se va a revelar. Pero luego, me parece que siempre es otra cosa. Hay deseos que son inalcanzables. Y, sin embargo, nos sirven de motores para seguir vibrando. » (Andamio de palabras)