Lunes

Comenzar una semana es como montar sobre una montaña rusa. Subes al lunes como si fuera uno de los vagones del tren, y luego, agarrándote con firmeza, solo te dejas llevar a través de las horas, de las citas sucesivas, de los “tengo que” y los “hay que”, de los “apúrate que llegas tarde” o los “No quiero mamá. Tengo hambre. Quiero jugar”.

Habría que osar saltar del tren en media semana. Abandonar la vertiginosa montaña rusa que te arrastra los días, mirarse al espejo y con un “¡hola, el gusto es mío!» darse una cita. Entonces por un par de horas, apropiarse de ese tiempo que no parece tuyo e ir a tu ritmo como si lo fuera, sin correr más detrás de tu agenda ni de las demandas continuas con voces de niña. Simplemente apropiarse de ese tiempo como si fueras una usurpadora de instantes y osar no hacer nada. O aún más, coger tus cosas y salir dejando todo con la ilusión de escuchar tus palabras.

Me siento y escribo

4 Comentarios

  1. O al revés, apropiarse del tiempo para correr detrás del «papa quiero jugar» y jugar hasta el agotamiento. Seria entonces un lujo? Estamos claros en la excepción que confirma la regla: «tenemos y hay que» darnos un gustito de vez en cuando.

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