Flotar

El día anterior habías escrito en tu libreta negra el verbo esperar. Sobresalía en la página que tenías abierta cuando pasé al lado tuyo. No sé a qué se refería, pero estaba seguro de que iba dirigido a mí.

Me acordé de las innumerables veces que me sugeriste que bajara el ritmo, que dejara madurar las cosas. Es cierto, siempre estaba agobiado, corriendo. Sentía que las oportunidades se me escurrirían de las manos o aún peor, que jamás llegarían si no me ponía en acción.

¿Vamos a tomar un café? Me propusiste repetidas veces. Y yo, ya en camino de la siguiente cita, te disuadía con el eterno pretexto de no tener tiempo. Para mí la gente como tú, como decir, no es que te menospreciara, pero la gente como tú, con tanto tiempo para gastar entre cafés, conversaciones callejeras y actividades salidas de la agenda, no podría llegar muy lejos. Te faltaba estructura, eso es lo que pensaba.

Esperar ¿Esperar qué? Mientras tú lo hacías yo trabajaba y me esforzaba para abrirme puertas, y me iba mejor que a ti. Estaba consolidando mi futuro, o al menos eso pensaba, podía acceder a lo que quisiera, entretanto tú con ese andar relajado no parecías ir hacia ninguna parte. Las oportunidades, las buenas ideas no vendrán sin hacer nada, te decía, hay que ir a buscarlas.

Hasta que esa mañana, fue como si me estrellara contra mí mismo. El calefón había dejado de funcionar y tuve que ducharme con agua fría, el bus que había llegado con unos minutos de adelanto me dejó y con el retraso que tenía, ya no pude tomar un café antes de la entrega de resultados. Y como si no fuera suficiente, al salir de la Dirección de Cultura no vi que la puerta estaba cerrada y me choqué con ella, dejando mi nariz marcada sobre el vidrio reluciente.

Entonces me detuve. Todo lo que había construido se dislocaba, cambiaba de lugar. ¿O es que todo estaba en su sitio y era yo el que se desplazaba? De repente con el sobre cerrado entre las manos, ya no sabía lo que quería. Había trabajado mucho en los últimos meses para obtener este concurso y en ese momento, ya no estaba seguro de la respuesta que deseaba tener.

Me dirigí a la cafetería y te vi, estabas sentado en la mesa al otro lado de la entrada, relajado como siempre. Tenías tu sobre abierto frente a ti. Me irritó tu actitud despreocupada y tu expresión de bienestar. Y me acordé de tu libreta abierta y del verbo “esperar” parpadeando ante mi mirada.

Me quedé suspendido en medio de la cafetería, entre los esfuerzos realizados para llegar hasta ahí y la súbita evidencia de no saber lo que quería. Me sentía como una araña presa en su propia telaraña, atrapado en mis propias decisiones y sin la capacidad de saber donde colocar el siguiente paso.

Entonces me dejé caer sobre la silla del café y me quedé ahí desparramado. Necesitaba tiempo para discernir en esa confusión, para que ese torbellino de dudas, preguntas, sensaciones descendieran, se posaran y se dejaran sentir y comprender.

Y en ese momento, te acercaste a mí. – Te invito un café, me propusiste. Me di la vuelta y de pronto, te vi diferente. Tú que no parecías tener un horizonte, te sentaste a mi lado y me dijiste algo que no recuerdo al pie de la letra, pero que quedó resonando en mí. ¿Cómo era exactamente? Algo sobre el equilibrio precario y la resiliencia, sobre encontrar la justa medida a cada momento en ese vaivén entre el hacer y el esperar, el ir y el dejar venir. Y con esas palabras, nos quedamos ahí, como flotando, sin decir nada.

2 Comentarios

  1. Realmente la vida es así, yo soy el vivo ejemplo del que planea ,se mueve, busca, inventa y trabaja como hormiga en busca de un futuro mejor, pero muchas veces todo es en vano y hay que empezar de nuevo. Antes de empezar con el nuevo ajetreo siempre es bueno flotar, simplemente flotar .
    Me vi caracterizado completamente como lo habrán hecho muchas personas.
    Este si que me encantó. Cada vez son mejores y más profundos…

  2. Muy linda manera de presentar dos formas tan diferentes de enfrentar la vida.
    En esencia ambos comportamientos pueden ser vividos por una sola persona en distintas etapas de su vida. O incluso en paralelo en dos mundos que se mueven con dinamicas diferentes: la vida personal y el entorno laboral de la vida profesional.

    Gracias por incentivar el deseo de disfrutar del camino y conocer el entorno, que de otra forma queda opacado por el desesperado deseo de llegar a una meta que nunca se alcanza.

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